Entre bromas y risas ella, junto a sus amigos, esperaba encontrar nuevos universos en los cuales aventurarse en las noches de eterno insomnio, cuando de repente, entre estanterías y coloridas portadas lo vio: alto, pálido y con una particular formalidad al vestir. Allí, rodeada de páginas y tinta, se quedó paralizada en sus ojos de indescifrable color. Tal vez azules, tal vez cafés, pero tan atrayentes como un buen libro.