martes, 24 de junio de 2014







Ya que no tenemos alas...
Debemos buscar otras maneras de volar.
Y volví a verlo dentro de mi cabeza en estado inconsciente. Aunque a veces creo que no debo estar tan inconsciente si es que mis sueños reflejan exactamente lo que mi mente despierta desea.
Verlo rodeado de familiares, en un estado de comodidad dentro de mi casa y que una amiga festeje algún tipo de relación entre él y yo... ¿Qué está pasando?
Pero... debo decirlo: Qué lindo es soñar con él.

Placeres que cuestan cerebros quemados

Porque promocionar Trabajo Social Comunitario, es un placer.
Porque cerrar Inglés con 10, es un placer.
Sacarte un 8 en un Trabajo Práctico, 9 en un primer parcial y 10 en el segundo; que sólo falte presentar un video y apruebo Matemática, es un placer.

El único costo fue quemarme un poco el cerebro con la primera materia.

Amigos en Otoño

Qué lindo es no sólo tener amigas mujeres, sino que es genial delirar un poco con amigos hombres.
Hace no mucho, también fui a recibir un poco de dosis de hiperactividad cafeinística con un gran amigo que hice en la secundaria. Y debo decir que nos hacía falta.
Entre discutir animes, libros, series, vidas universitarias y que mirábamos el partido de España contra Holanda, nos la pasamos genialosamente genial.
Claro que no podía faltar una buena situación de Las Vegas adaptada a nuestra ciudad, por lo que decidimos entrar al bingo y probar suerte. Desafortunadamente no tuvimos chance de entrar a estar pendientes de numeritos, pero sí nos apostamos un par de pesos en las maquinitas que después fueron recompensados. ¡Ganamos $100 entre los dos! Por lo menos recuperamos lo que gastamos en el café...
Después de eso siguió la ya costumbre de ir a revisar libros (y le agradezco a él el haberme introducido al intrigante mundo de John Katzenbach), CDs, películas, y por supuesto, artículos de gaming.
Sin dudas una tarde de Otoño muy divertida y que absolutamente quiero repetir pronto. Sólo unos días más, y todos seremos libres. Bueno, al menos por un tiempo.

PD: Al entrar al bingo me pidieron el DNI. ¡Me hacen sentir joven! (Veinte años es mucho).

Canela, chocolate, cuadernos. Amistad.

Sé que peco de pereza. Y mucho. Y sobre todo porque nunca escribí sobre esto que paso hace... ¿Cuánto? ¿Tres semanas? No sé. Soy un desastre...
El hecho es que después de muchísimo tiempo de no vernos, me reuní con mi preciada amiga MrF. a tomar algo caliente que no podía ser otra cosa que no tuviera cafeína. Y debo decir que le agradezco el haberme abierto las puertas hacia la canela y el chocolate en este tipo de bebidas.
Además, teníamos la cuenta pendiente de ayudarnos mutuamente con nuestros respectivos libros que aún descansan en los manuscritos latentes en nuestros cuadernos y seguramente en un archivo de Word que a veces revisamos para preguntarnos qué **** agregar.
Y obviamente no podía faltar un poco de gang con el despilfarro de plata. Ok no, sólo hay tres pesos ahí.
Además creo que se puede apreciar y dar una idea bastante clara de cómo fueron nuestras conversaciones posteriores a ingerir esto. Basta con observar la cantidad de sobrecitos de azúcar que están en la bandeja.
Que una mesa de cuatro sea ocupada por dos mentes sobre-frustradas con todos sus artefactos... Ah, no tiene comparación.
Pero aún así... Este fue el resultado:
Se pueden ver un par de spoilers en la imagen, pero shh...
Quiero creer que se nos acercan unas merecidas vacaciones a ambas, así que espero que podamos juntarnos más veces y que podamos avanzar con estas historias que no nos dejan tranquilas.

PD: Nos gusta hacernos las intelectuales agarrando los vasos con la misma mano con la que entrelazamos una lapicera con nuestros dedos.

domingo, 15 de junio de 2014

Al abrir la ventana que golpea el viento veraniego, llega desde algún lugar el canto de los pájaros.
Dejo a un lado el libro que leía y me río preguntándome de dónde vienen.
Eran las tres de la tarde y yo seguía con los ojos vendados.
El mundo es más fácil de lo que parece, yo soy la complicada, y nadie me entiende.
Nadie visita esta casa alejada de la vista y de la ciudad en medio del bosque.
"¡No me mires a los ojos!"
Se me congeló el corazón.
Me acostumbré a estar sola.
Me resigno a observar solo "cosas".
¿Puedo al menos añorar el mundo que solo conozco a través de historias?
Las fantasías que crecían y resonaban en mi interior empezaron a sonar en el mundo.
Para cuando tú, que me enseñaste un futuro extraordinario, te vuelvas a perder, estaré esperando aquí.
El viento veraniego vuelve a sacudir hoy la capucha de la ropa que me regalaste.